martes, 23 de abril de 2013

El Gran Bestiario.



Travis Louie y su gran bestiario.

 Cuenta que de pequeño siempre quiso ser King Kong, subir al Empire State con una mujer rubia entre sus dedos mientras los aviones volaban en círculo sobre el, tratando de que su peludo culo diera contra el suelo. 

Cíclope.
Afortunadamente nunca trató de comportarse de esa manera y como plan b, Travis Louie optó por dibujar, ver documentales sobre la era atómica y los sábados por la tarde los empleaba para ver todas las películas de terror que pudiera. Era asiduo a librerías donde se recitaban historias y el ‘RKO Keith’ el histórico teatro del barrio de Queens donde Travis nació en Nueva York era su segunda casa. Maravillado por recuerdos de épocas pasadas, los cohetes, los superhéroes, los monstruos gigantes, y los carteles de películas maravillosas crecía mientras dibujaba miniaturas de seres en su pequeño diario. Y de todas esas experiencias el pequeño Travis iba empapándose poco a poco formando una personalidad no demasiado corriente, una personalidad que mas tarde descubriría a todo aquel a quién interesara a través de su increíble trabajo.



El hombre gato.

Su abuelo le animaba a dar rienda suelta a su mundo interior. Le acompañaba a recorrer museos, le compró los materiales de arte y, finalmente, le construyó su primera mesa de dibujo. A los 12 años Travis supo a que quería dedicarse y a partir de ese momento, el arte le acompaña donde quiera que va.

Personalmente el trabajo de Travis Louie me impactó, me sobrecogió desde el minuto uno. Desprende delicadeza, emoción, un trabajo que cuenta de su personalidad extraordinaria, sus intereses mucho mas allá de lo estipulado, un imaginario que cruza la frontera de lo posible para adentrarse en fantásticos azares genéticos, mezclas de especies que forman un gran bestiario haciéndonos viajar a tiempos pasados en los que caravanas de "Freakshow" recorrían las polvorientas carreteras americanas.

Oscar y el sapo de la verdad.


 Con gran destreza, Travis plasma los personajes que pueblan su mente y va ampliando con cada acrílico la gran familia de su particular universo. Seres míticos, rarezas humanas, criaturas retratadas con total cotidianeidad cobran vida después de ver la luz, ya que Travis no solo imagina y pinta el personaje, también lo dota de personalidad acompañando cada obra con una pequeña biografía. Una realidad imaginaria paralela que intenta buscar un pequeño hueco en la sociedad para aquello que podría haber sido, pero que quedó en simple posibilidad.

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