jueves, 7 de marzo de 2013

¿Quién da más?

 En el mundo de los desfiles de moda, sean Haute Couture (a medida del cliente) o Prêt-à-porter (listo para llevar) absolutamente nadie quiere pasar desapercibido. Recuerdo una frase que decía 'Viajar a los EE.UU y volver a casa sin haber ganado unos cuantos kilos es comparable a que te inviten a una boda y no emborracharte, una falta de respeto', pues eso mismo pasa en los desfiles de moda. Hay que dejarse ver. Sólo una mujer desearía pasar desapercibida, aunque curiosamente, aún siendo la mujer mas influyente de EE.UU, nunca podrá evitarlo. Realmente creo que es lo único que no está a su alcance. Anne Wintour acapara en cada desfile más atención que cualquier invitado. 114 años avalan su empresa, VOGUE.

 La máxima de estas reuniones de aristocracia, estrellas de cine, modelos, grandes directores creativos de las marcas que mueven el mundo o simples personajes, son llamar la atención hasta la cota más alta. Recuerdo los problemas de la responsable de un desfile de Chanel en el majestuoso Grand Palais de París en la temporada de 2011, decidiendo en qué lugar del front row sentar a Victoria Beckham para que ésta no enloqueciera de indignación (sí, hay famosos y famosos, y se miden por el número de gente que mueven).

 Mucha gente se pregunta cuando ve un desfile quién en su sano juicio viste por la calle una capa XXL repleta de cristales de Swarovski o un vestido de Sarah Burton para Alexander McQueen confeccionado con infinitas capas trabajadas a mano de seda teñida y pelo. Pues no os lo preguntéis mas, el fin de piezas de estas características no es ser comprada tal cual. Se llama 'marketing'. Existe un exclusivísimo y hermético club de apenas 200 miembros en todo el mundo, formado íntegramente por mujeres con el deseo y la capacidad de adquirir la ropa más cara que el dinero pueda comprar. La única misión de estas mujeres cuando se sientan en primera fila es, al tiempo que la modelo presenta el vestido en la pasarela, desmontarlo mentalmente pieza por pieza y transformarlo finalmente en una prenda ponible. Esta idea pasa directamente a los showroom de las marcas y finalmente la prenda terminada vuela miles de kilómetros hasta su rica destinataria. Todo el mundo sabe que el coleccionismo de obras de arte se traduce siempre en inversión. El mundo de la alta costura, en parte es exactamente lo mismo, invertir.

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